por: Verónica Campino Fundación ChileMujeres

La mujer del metro

“Por favor ayúdenme a llevar algo para mi casa, necesito alimentar a mi familia” gritaba una mujer que vendía dulces en un vagón del metro. Esta frase no es parte de una película o documental. Lo escuché ayer en el metro de Santiago —no por primera vez—, me entristeció y me hizo reflexionar acerca una triste verdad: en Chile la pobreza tiene cara de mujer.

Según la encuesta Casen, en Chile hay 300 mil más mujeres que hombres que viven en la pobreza; la jefatura de hogar femenina en los sectores más vulnerables llega al 55% y la tasa de embarazo adolescente es una de las más altas de la OCDE. La principal razón es la baja participación laboral femenina, que en los deciles más vulnerables es de tan solo un 27%.

Mucho se ha hablado —post elecciones municipales— de sintonizar con la ciudadanía. La mujer del metro probablemente no lee el diario con frecuencia, no está interesada en las reformas emblemáticas ni en las pugnas entre los partidos; su única aspiración es lograr tener un trabajo digno que le proporcione una fuente de ingreso para mantener a su familia.

Las elecciones nos han dejado una interesante lección: aquellos candidatos que entienden la realidad laboral femenina y trabajan por solucionarla —sobre todo en las comunas más vulnerables— tienen probabilidad de ser electos. Al menos si estudiamos las grandes sorpresas de esta elección. Partamos por el caso mas emblemático: Felipe Alessandri, en Santiago, propone el programa “afterschool” que ofrece talleres extra programáticos —terminada la jornada escolar— para hijos de madres y padres trabajadores, pues entiende la angustia de muchas familias porque sus hijos quedan solos cuando los padres salen a trabajar; Cathy Barriga, en Maipú, impulsa una fundación que apoya a madres solteras que quieren emprender, pues entiende la dura realidad de las mujeres jefas de hogar; y Jorge Sharp, en Valparaíso, propone instalar guarderías y jardines infantiles en sectores donde existe déficit, pues entiende que la principal causa de deserción laboral femenina es el cuidado de los hijos.

Esta situación trasciende lo político: es una materia de imperativo ético y social. Pero también es cierto que en democracia el voto es poder; aquellos candidatos que ofrezcan soluciones concretas y efectivas a la mujer trabajadora probablemente saldrán empoderados.

Para ver la columna online haz click aquí: http://impresa.lasegunda.com/2016/11/02/A/B831IFB9/NT31KDFL